Lo epistolar y la clínica
Docentes:
Psic. Marcos Esnal
Psic. Angel Fernández
Alumno:
Diego Stechina
Legajo: S-1298/0
Un mal entendido: La transferencia.
Siguiendo la propuesta del seminario Lo epistolar y la clínica este trabajo intenta un modesto recorrido por los textos Freudianos que versan sobre el concepto de transferencia pero con el aporte significativo de la publicación de la correspondencia completa –como fuente directa- de la relación de Sigmund Freud y Sándor Ferenczi (SF-SF como la llamara Wladimir Granof).
Freud y Ferenczí se conocieron el 2 de febrero de 1908. La primera carta de la larga correspondencia que mantuvieron es una carta de Ferenczi en la que solicita una entrevista con Freud. Este se refiere a la relación como “una íntima comunidad de vida, de pensamiento y de intereses” (1231 F, 11/181933). Trabajaron juntos manteniendo un amistoso y controvertido intercambio de ideas. En temas científicos se comunican permanentemente sus pensamientos y sus planes.
“A los lazos científicos se unos otros, más complejos y profundos: la esperanza de Freud de un matrimonio entre su hija Matilde y Ferenczi, el viaje a América junto con Jung, las numerosas vacaciones compartidas con sus alegrías y sinsabores, las visitas que se hacen… ‘los intentos de análisis’ de Ferenczi de 1914 y 1916 con Freud, y las relaciones de Ferenczi con la que será su mujer, Gizella, y con la hija de ésta, Elma, en las que Freud está implicado de varias maneras, entre otras, por un ‘fragmento’ de análisis con Elma en 1911-1912.”[1]
El testimonio de las cartas
Luis J. Martín Cabré en el prólogo a la versión en castellano de la correspondencia Freud-Ferenczi destaca que “…la publicación en castellano de la correspondencia completa y exenta de censura entre Freud y Ferenczi constituye un instrumento importante no sólo para reflexionar teóricamente sobre algunos conceptos del psicoanálisis y profundizar en su gestación y desarrollo, sino también para esclarecer definitivamente una de las leyendas más infelices de la historia del psicoanálisis.”[2]
Esta misma correspondencia refleja también los avatares del análisis que Ferenczi hizo con Freud. Con lo cual, con el material en mano, nos podríamos preguntar si estas cartas no eran una continuación.
Luego del incidente en Palermo, del cual solo queda publicada la versión de Ferenczi[3], los protagonistas comentaban el hecho de la siguiente manera:
Yo, por mi parte, deseaba que abandonara esa actitud infantil, que se pusiera a mi lado como un compañero, lo que usted no consiguió; y, en el trabajo, que fuera más eficiente en el cumplimiento de su tarea, la programación de espacio y tiempo. Con esto termino mis esfuerzos educativos.[4]
En la siguiente carta Ferenczi le responde:
… he analizado mis acciones y he hallado el origen de mis inhibiciones, como usted, en la postura infantil. He utilizado la ocasión, además, para destapar sin piedad mi resistencia contra el propio componente pulsional homosexual (y la consiguiente estimación sexual enormemente exagerada de la mujer), y creo haber sacado así mucho provecho personal y también algo de provecho científico.[5]
En Análisis terminable e interminable Freud plantea: “El análisis ha terminado cuando analista y paciente ya no se encuentran en la sesión de trabajo analítico. Y esto ocurrirá cuando estén aproximadamente cumplidas dos condiciones: la primera, que el paciente ya no padezca a causa de sus síntomas y haya superado sus angustias así como sus inhibiciones, y la segunda, que el analista juzgue haber hecho conciente en el enfermo tanto de lo reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos patológicos en cuestión. Y si se está impedido de alcanzar esta meta por dificultades externas, mejor se hablará de un análisis imperfecto {unvollständig} que de uno no terminado {unvollendet}.” [6]
Judith Dupont en el prólogo de “Sin simpatía no hay curación” de Sándor Ferenczi afirma la continuación del análisis. “En realidad, toda la relación entre Freud y Ferenczi, tal como se nos muestra sobre todo en su correspondencia, en cierto modo forma parte de este análisis. Ferenczi entrega a Freud los menores detalles de su vida privada, le comunica sus sentimientos más íntimos. Freud reacciona a ello ora con interpretaciones, ora con esfuerzos por librarse de esta situación de análisis permanente difícilmente sostenible, o incluso con el simple silencio.”[7]
La Transferencia[8]
La transferencia en psicoanálisis implica la duplicidad de la persona que ocupa el lugar del analista. Quien ocupa ese lugar se presenta a él mismo como no confundiéndose con el depositario de este complejo de sentimientos, de representaciones y de afectos. Se dirá que hace lo necesario para autorizar y facilitar su surgimiento[9] pero sin identificarse con esa formación que “a primera vista” proviene exclusivamente del paciente.
“Es entonces del todo normal e inteligible que la investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico. De acuerdo con nuestra premisa, esa investidura se atendrá a modelos, se anudará a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión o, como también podemos decirlo, insertará al médico en una de las
En las primeras conceptualizaciones la noción de transferencia (Übertragung) se presentaba cercana a la de deformación (Entstellung) y desplazamiento (Verschiebung) que sufre una representación. Pero a estos “tanteos conceptuales” luego se impondrá entender la transferencia como el establecimiento de un vínculo entre dos representaciones: la representación, preconciente o conciente, es la representante de la representación inconciente. El analista está en el lugar de un resto diurno que permite, por sus características, que las representaciones reprimidas se expresen.
En el apartado La falsa sorpresa freudiana Le Gaufey recoge fragmentos de textos en los que Freud por un lado parece sorprenderse por la aparición de la transferencia; y por el otro, demuestra lo contrario.
Llamamos transferencia a este nuevo hecho que tan a regañadientes admitimos. Creemos que se trata de una transferencia de sentimientos sobre la persona del médico, pues no nos parece que la situación de la cura avale el nacimiento de estos últimos.[11]
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Yo quería añadir aquí algunas puntualizaciones a fin de que se comprenda cómo ella se produce necesariamente en una cura psicoanalítica y alcanza su consabido papel durante el tratamiento.[12]
Me quedo con la primera de estas citas y la frase “este nuevo hecho que tan a regañadientes admitimos”; y encuentro relación con pasajes de la correspondencia de Freud donde plantea su molestia en relación a la transferencia y contratransferencia:
* “La transferencia es una cruz (Freud, 1963ª, 5/6/1910)
* (la contratransferencia) “no debe publicarse, sino que tendría que circular en copias entre nosotros”(Freud/Jung, 1974, 290 F, 31/12/1911)
Estas elaboraciones teóricas que tan de mala gana Freud conceptualiza y admite tienen relación directa con el proceso psicoanalítico y su técnica. Un ejemplo paradigmático es el caso del “hombre de las ratas”. En la sesión del 3 de octubre de 1907 Freud le comunica la regla fundamental del psicoanálisis. Ese mismo día el paciente comenta sobre el encuentro con un capitán checo quien “evidentemente amaba lo cruel”. Ese capitán relata sobre un castigo terrible empleado en Oriente… “Aquí se interrumpe, se pone de pie y me ruega dispensarlo de la pintura de los detalles. Le aseguro que yo mismo no tengo inclinación alguna por la crueldad, por cierto que no me gusta martirizarlo, pero que naturalmente no puedo regalarle nada sobre lo cual yo no posea poder de disposición.”[13]
Freud se mantiene firme en la regla sin importarle el ahorro de displacer de su paciente. Él no tiene poder sobre lo que en la mente de “Ratas” efectivamente se presentó.
En un momento dado, cuando le hago notar que yo mismo no soy cruel, reacciona llamándome “mi capitan”[14]
En relación a la transferencia Freud no se toma de ningún modo por el capitán cruel, pero su paciente no puede evitar tomarlo por ese capitán. Como lo plantea Le Gaufey: el método de la asociación libre debe ser imposible de frenar o no ser nada. Tanto el paciente como las ratas no tenían opción. Freud abandona al paciente en tanto interlocutor y lo mantiene al mismo tiempo como hablante. La regla fundamental del psicoanálisis va a ese lugar; “esto no es cosa de su competencia” le dice Freud a Elisabeth en lo referente a saber a saber si lo que ella va a decir tiene o no interés.
Sugestión, Hipnosis, enamoramiento y transferencia
De este modo la asociación libre parecería que se va en la misma dirección que la hipnosis. La regla pide suspender el juicio crítico del paciente colocándolo en el mismo nivel que cualquier otro pensamiento. Sin embargo sería un error no ver las diferencias radicales entre el método psicoanalítico y la hipnosis. La diferencia radica en que los hipnotizadores quieren hacer callar a esa instancia crítica mientras que Freud le da palabra y establece que ya no tiene poder sobre lo que se pueda producir.
En la 27º conferencia de introducción al psicoanálisis, a sabiendas de que el auditorio podía llegar a criticarlo de hacer rodeos teóricos innecesarios sin grandes diferencias con viejos procedimientos, Freud reconoce el papel de la sugestión en el análisis:
“…es preciso atribuir a todos los hombres normales la capacidad de dirigir investiduras libidinosas de objeto sobre personas. La inclinación a la transferencia en el llamado neurótico no es sino un extraordinario acrecentamiento de esta propiedad universal… Bernheim, con certera agudeza, fundó la doctrina de los fenómenos hipnóticos en el principio de que todos los hombres pueden ser sugestionados de algún modo, son «sugestionables». Su sugestionabilidad no es más que la inclinación a la transferencia, concebida de manera demasiado estrecha, de suerte que ahí no cabe la transferencia negativa. Pero Bernheim nunca pudo decir qué era en verdad la sugestión y cómo se producía. Para él constituía un hecho básico, acerca de cuyo origen no podía aclarar nada. No advirtió que la «suggestibilité» provenía de la sexualidad, de la actividad de la libido. Y ahora echamos de ver que hemos abandonado la hipnosis en nuestra técnica sólo para redescubrir la sugestión bajo la forma de la transferencia.”[15]
A gusto personal donde mejor se despejan las particularidades (y relación) entre enamoramiento e hipnosis es en Psicología de las masas y análisis del yo en el capítulo VIII. Freud dirá que varios vínculos afectivos muy diversos caen bajo el título de amor. ¿Pero cuál es el amor genuino, el correcto, el verdadero?
Se llama amor sensual a la investidura de objeto de parte de las pulsiones sexuales con el fin de alcanzar la satisfacción sexual y directa que una vez lograda se extingue. Pero debe haber algo permanente que se conserve aun no los periodos en que este apetito este ausente.
En el desarrollo de la vida amorosa el niño encontró en sus progenitores sus primeros objetos de amor. Era un amor con aspiraciones sexuales que buscaban satisfacción. La represión que luego sobrevino obligó a un cambio en la relación con los padres. El niño permanece unido a los padres pero con pulsiones de meta inhibidas, y los sentimientos hacia ellos se los llamará tiernos. Un periodo en el cual es común encontrar cierto grado de síntesis entre el amor sensual y el tierno es la adolescencia.
¿Dónde empiezan a tener interés estos fenómenos para el análisis? Al llamar la atención la sobre estimación sexual que goza el objeto de amor. Este se encuentra exento de toda crítica, se produce un espejismo: se cree amar al objeto por sus excelencias anímicas, cuando lo contrario es lo que prima, a saber, la estimación sexual es la que hizo conferir al objeto tal estimación.
Se produce una idealización. El objeto es tratado como el yo propio. En muchas formas de elección amorosa el objeto viene a sustituir un ideal del yo no alcanzado. La libido narcisista fluye hacia el objeto empobreciendo al yo. Se dirá el objeto se ha puesto en el lugar del ideal de yo[16].
Las coincidencias entre enamoramiento e hipnosis son llamativas. Existe sumisión, obediencia y falta de crítica hacía el hipnotizador así como hacia el objeto amado. El hipnotizador al igual que el objeto amado ha ocupado el lugar de ideal del yo.
Por el modo particular y el terreno en el se da el surgimiento del psicoanálisis, las primeras observaciones y tanteos sobre la transferencia no podían ser otros que en la situación analítica que se daba entre el médico y la mujer joven histérica. Y sobre esta relación es que se construye su teoría y su técnica, por ello es que Freud la usa constantemente como ejemplo paradigmático de este fenómeno: … me refiero al caso en que una paciente mujer deja colegir por inequívocos indicios, o lo declara de manera directa, que, como cualquier frágil mujer, se ha enamorado del médico que la analiza. […] (El médico) Tiene que discernir que el enamoramiento de la paciente le ha sido impuesto por la situación analítica y no se puede atribuir, digamos, a las excelencias de su persona.[17]
El analista debe ser conciente de la llegada de este fenómeno para la “prevención de una contratransferencia”[18].
SF-SF Transferencia y contratransferencia
“… si la transferencia es, en lo esencial, una producción del analizado, conviene no dar más consistencia a un movimiento ya de suyo bastante incómodo, respondiéndole con la misma fuerza y en el mismo tono. En esta concepción se le suplica al analista que ponga un freno a cualquier contratransferencia eventual, y se espera que su análisis “didáctico” lo habrá capacitado para ello.”[19]
Ferenczí por su parte, fiel a su estilo personal, reclamó la sinceridad analítica por sobre todas las cosas. De esta forma se lo planteaba a Freud por carta: “La primerísima consecuencia de este conocimiento, si existe en dos personas, es la de que no se avergüencen el uno del otro, no se oculten nada y se digan la vedad sin el peligro de la ofensa o con la firme esperanza de que no puede haber dentro de la verdad ninguna ofensa duradera.”[20]
La relación entre estos hombres y el análisis “imperfecto” que los atravesó dejó marcas en la historia del psicoanálisis. Ferenczi lucho hasta sus últimos días por librarse de esa hostilidad y resolver su transferencia teñida de ambivalencia y dependencia. De allí provienen sus críticas al dispositivo rígido establecido por Freud y las innovaciones a la técnica que impulsó. Otras críticas de Ferenczi a su maestro son: el desinterés por el aspecto terapéutico; el haberse vuelto demasiado pedagogo (entiende que Freud busca educar a sus pacientes antes que llevar a fondo el análisis); Cree que Freud es incapaz de llevar a que sus pacientes se independicen de él.
“La lectura del Diario hace pensar que Ferenczi, como analista y como analizado, ha experimentado la insuficiencia de las técnicas llamadas clásicas frente a ciertos tipos de problemas. En las críticas que sus pacientes le hacen, reconoce las que él mismo dirige a Freud. Para esos pacientes, se esfuerza en inventar lo que habría querido que Freud inventara para él. Intenta ofrecerles la comprensión y el crédito que él no pudo obtener de Freud. Cuando Freud le dice que se interna por un camino equivocado, no lo puede admitir: sería como una desmentida de una parte de sí mismo. Cuando reprocha a Freud haber acomodado la situación analítica para asegurar, ante todo, la protección y la comodidad del analista, en realidad le reprocha negarse a oírlo, a él, a Ferenczi, cuando lo que tiene para decirle amenaza su propia seguridad interior.”[21]
Bibliografía
Freud Sigmund, Dinámica de la transferecia en Obras Completas, Vol XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990
Freud Sigmund, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia en Obras Completas, Vol XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990
Freud Sigmund, La transferencia. Conferencia 27º en Conferencias de Introducción al psicoanálisis Parte III (1916-1917), Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
Freud Sigmund, Análisis terminable e interminable en Obras Completas, Vol. XXlll, Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
Ferenczi Sándor, Sin simpatía no hay curación, Buenos Aires, Amorrortu, 1997
Freud Sigmund – Ferenczi Sándor, Correspondencia completa, Volumen l.1 (1908 – 1911), Madrid, Síntesis, 2001
Ferenczi/Groddeeck, 24/12/1921, Correspondencia
Le Gaufey Guy, “La duplicidad del analista” en Anatomía de la tercera persona, Buenos Aires, Edelp, 2001
Notas
[1] Freud Sigmund – Ferenczi Sándor, Correspondencia completa, Volumen l.1 (1908 – 1911), Madrid, Síntesis, 2001, pp. 29
[2] Idem. pp. 7
[3] “Freud me parecía demasiado grande, demasiado, a consecuencia de eso en Palermo, donde pensaba redactar conmigo el famoso ensayo sobre la paranoia (Schreber), el primer día de trabajo, cuando se disponía a dictarme, me levanté de un salto en un repentino arrebato de rebelión y le dije que eso no era trabajar juntos, si él simplemente me dictaba. ‘Pero, bueno, ¿así es usted?’, contestó asombrado. ‘Por lo visto se lo quiere quedar todo.’Eso es lo que dijo y desde ese día trabajaba todas las noches solo” (Ferenczi/Groddeeck, 24/12/1921, Correspondencia, pp.36 y ss.).
[4] Freud-Ferenczi, Correspondencia completa, Volumen I.1, Madrid, Síntesis, 2001, pp. 259
[5] Idem., pp.261
[6] Freud Sigmund, Análisis terminable e interminable en Obras Completas, Vol. XXlll, Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
[7] Ferenczi Sándor, Sin simpatía no hay curación, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, pp. 27
[8] En este apartado seguiré a Le Gaufey Guy, “La duplicidad del analista” en Anatomía de la tercera persona, Buenos Aires, Edelp, 2001
[9] En puntualizaciones sobre el amor de transferencia dirá Freud “Él (el médico) tendió el señuelo a ese enamoramiento al introducir el tratamiento para curar las neurosis; es, para él, el resultado inevitable de una situación médica, como lo sería el desnucamiento corporal de una enferma…”
[10] Freud Sigmund, Dinámica de la transferecia en Obras Completas, Vol XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990, pp. 98
[11] Freud Sigmund, La transferencia. Conferencia 27º en Conferencias de Introducción al psicoanálisis Parte III (1916-1917), Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
[12] Freud Sigmund, Dinámica de la transferecia en Obras Completas, Vol XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990, pp.97
[13] Citado desde Le Gaufey Guy, “La duplicidad del analista” en Anatomía de la tercera persona, Buenos Aires, Edelp, 2001, pp. 29
[14] Idem. pp. 29
[15] Freud Sigmund, La transferencia. Conferencia 27º en Conferencias de Introducción al psicoanálisis Parte III (1916-1917), Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
[16] Freud Sigmund, Psicología de las masas y análisis del yo en Obras Completas, Vol. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
[17] Freud Sigmund, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia en Obras Completas, Vol XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1990, pp. 163 y ss.
[18] Idem. pp. 164
[19] Le Gaufey Guy, “La duplicidad del analista” en Anatomía de la tercera persona, Buenos Aires, Edelp, 2001, pp. 39
[20] Freud-Ferenczi, Correspondencia completa, Volumen I.1, Madrid, Síntesis, 2001, pp. 263
[21] Ferenczi Sándor, Sin simpatía no hay curación, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, pp.31
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